Andrew Hnatiuk
Andrew Hnatiuk es un investigador independiente y divulgador de teología. Es colaborador activo de la Society of Evangelical Arminians (SEA), donde trabaja en la síntesis y divulgación de la teología arminiana y wesleyana.
Hay dos ideas equivocadas que veo repetirse una y otra vez en internet cuando se habla de la culpa original:
- Que si uno sostiene la depravación total o el pecado original, necesariamente tiene que sostener también la culpa original. (Falso).
- Que solo existen dos posturas posibles respecto de la culpa original: afirmarla o negarla. (También es falso).
Y así, el razonamiento suele seguir esta línea: si se refuta la culpa original —o, más comúnmente, la versión realista de esta—, se considera que también se ha argumentado con éxito contra la depravación total. (Falso).
En su libro Against God and Nature: The Doctrine of Sin, el Dr. Thomas McCall tiene un capítulo en el que expone el abanico de posturas en torno a la cuestión del pecado original frente a la culpa original y divide a sus defensores en al menos seis categorías
El siguiente cuadro lo elaboré a partir de ese capítulo de McCall. Tanto las etiquetas como las citas proceden de su libro. Por supuesto, McCall dice mucho más acerca de cada una de estas posturas; las citas que he seleccionado solo pretenden dar una idea básica de cada categoría y no abarcan todos los matices presentes en cada una de ellas. Los números de página corresponden a la edición Kindle. Los representantes también están tomados del libro de McCall, aunque no estoy seguro de que todos estén ubicados correctamente. En ocasiones, McCall cita la descripción que un autor hace de una determinada postura, pero no queda claro si el propio autor realmente está de acuerdo con esa postura. Creo que los he ubicado correctamente en términos generales, pero aun así recomendaría tomar esta parte con cierta cautela o, mejor aún, leer directamente el capítulo de McCall.1

Algunas reflexiones personales:
No lo des por sentado
Dado que la depravación total es «consecuencia del pecado de nuestros primeros padres» (Richard Watson), y dado que la depravación total es uno de los cinco puntos del arminianismo, es razonable pensar que todos los arminianos sostienen el pecado original. Pero, como puede verse en el cuadro anterior, no todos los arminianos —ni siquiera todos los autores reformados— sostienen la culpa original, y entre quienes sí la sostienen puede haber desacuerdo sobre lo que esta implica. Hay arminianos que sostienen al menos tres de las seis posturas, mientras que entre los autores reformados están representadas las seis.
También notarás, como señala McCall, que cuando existen desacuerdos, estos no siguen las líneas predecibles de «calvinistas frente a arminianos»; si acaso, Wesley muestra una mayor continuidad con la tradición reformada confesional que Edwards (p. 30).
Y las diferencias entre estas posturas pueden ser bastante marcadas. Incluso Herman Bavinck, que sostenía el federalismo, no escatimó críticas a la postura realista (véase McCall, pp. 213–214). Así que, si tienes algún problema con el realismo, no des por sentado que tienes que rechazar la culpa original en todas sus formas. Es posible que simplemente estés rechazando una de sus versiones. Incluso puedes encontrar autores que sostienen otra versión de la culpa original y que coinciden con tus críticas.
¿Condenación de los infantes?
Otra cuestión que suele plantearse cuando se habla de la culpa original es si quienes la sostienen también deben sostener que los infantes son condenados por ella. Es decir, si todas las personas, incluidos los infantes, son culpables en Adán, ¿debemos pensar entonces que quienes mueren durante la infancia podrían ser condenados al infierno?
No.
Como explica el teólogo wesleyano Richard Watson: «No podemos considerar la parte legal de toda la transacción que afectó a nuestros primeros padres y a su posteridad de manera separada de la provisión evangélica de misericordia que la acompañó y que incluyó, del mismo modo, tanto a ellos como a toda su raza». (Institutes, vol. 2, p. 56).
La culpa original forma parte del problema que surge de la rebelión de Adán, pero no es el final de la historia. Recordemos que los arminianos sostienen una expiación ilimitada y la obra universal del Espíritu Santo (gracia preveniente). Los infantes son, por supuesto, receptores de esta obra.
Los arminianos han explicado de distintas maneras cómo se aplican salvíficamente la gracia y la expiación a los infantes, pero todos estamos de acuerdo en que, en el caso de quienes mueren durante la infancia, así ocurre. Richard Watson, que sostenía el federalismo, puede servirnos como ejemplo. Él escribe: «Si, sin embargo, un infante no es capaz de aceptar voluntariamente el beneficio del “don gratuito”, tampoco es capaz de rechazarlo voluntariamente; y es por ese rechazo que los adultos perecen» (p. 59; véase su explicación completa en las pp. 57–61 de la edición de Google Books).
¿La posición de Arminio?
Quizá te estés preguntando si Arminio está correctamente ubicado. Y sería una pregunta razonable. Después de todo, en su Friendly Conference with Junius, él escribe que Dios sí «imputa» la culpa del primer pecado a toda la posteridad de Adán, no menos que al propio Adán y a Eva, porque ellos también pecaron «en Adán» (Works, vol. 3, p. 249).
En su libro Jacob Arminius: Theologian of Grace, Keith D. Stanglin y Thomas McCall (sí, el mismo McCall) escriben: «El lector más cuidadoso que compara todos los pasajes pertinentes de los escritos de Arminio notará un grado de ambigüedad» (p. 149). Ellos examinan estos pasajes y concluyen que Arminio sostenía que el pecado original es el castigo por la culpa de Adán, lo que lo situaría en una postura de tipo «solo corrupción» (corruption-only). Pero otros autores han interpretado a Arminio de manera diferente. Para una discusión sobre este punto, véase Stanglin y McCall, Jacob Arminius, pp. 149–150; Paul Harrison, «Edwards on Original Sin and Depravity», en Jonathan Edwards: A Reformed Arminian Engagement, ed. M. Pinson, cap. 3, nota 52; Matthew Pinson, 40 Questions About Arminianism, p. 141; y John Mark Hicks, The Theology of Grace in the Thought of Jacobus Arminius and Philip van Limborch, pp. 23–25 (pero compárese con Mark A. Ellis, Simon Episcopius’ Doctrine of Original Sin, p. 77, quien cuestiona algunas de las conclusiones de Hicks).
Nota aclaratoria: Traducción al español del artículo Six Views on Original Sin and Original Guilt, de Andrew Hnatiuk, publicado originalmente en el sitio web de la Society of Evangelical Arminians (SEA). Esta traducción se ofrece con fines divulgativos y de estudio para facilitar el acceso al contenido a lectores de habla hispana.
- Nota del traductor: El texto original hace referencia a los números de página de la edición Kindle. Para esta traducción he consultado la edición digital de ¡Pecado! En contra de Dios y la naturaleza: La doctrina del pecado, publicada por Publicaciones Kerigma y disponible en Logos. Por ello, la paginación de las citas puede no coincidir con la de la edición Kindle mencionada en el original. ↩︎







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